Presentación

 

Pep BurgoaPep Burgoa

La idea de consagrar una página web a glosar la trayectoria de un determinado personaje de la cultura y acercarlo así a los internautas no es, ni mucho menos, nueva. Tampoco lo es el hecho de que esa labor la lleve a cabo una institución universitaria y, dentro de ella, su biblioteca. Por otra parte, aprovecharse de una efemérides, de la concesión de un premio o de cualquier otra eventualidad programada no es tampoco lo que se dice muy original. ¿Por qué lo he hecho entonces? Bueno, sobre todo, porque me gusta Leonard Cohen. Su voz, su búsqueda y su legado. Veamos...


Su voz ha sido a veces tildada de monocorde y triste. Según una tradición judía, quienes cantan la liturgia deben saber hacerlo, pero no tan rematadamente bien como para ofender a Dios. Hay quien más que cantar, exhibe musculatura. Cohen, desde luego, no es de esos. Además, su voz parece hecha para sus canciones (o al revés, no lo sabemos). Y por si fuera poco, siempre se ha rodeado de voces femeninas que le han servido de contrapunto a la suya. Y lo que es más difícil, siempre las ha sabido elegir bien. Con el tiempo, la voz de Cohen se ha ido acoplando a sus composiciones, en el sentido de que quizá son más creíbles -incluso las más alejadas en el tiempo- en labios de una persona de larga experiencia que en los de de un joven.


Su búsqueda, porque ha sido, en parte, la de toda una generación que vivió, en plenitud, las convulsas pero renovadoras décadas de los sesenta y los setenta, antes de que, entre otras cosas, el reaganismo y sus neocons, el sida y la caída del muro de Berlín -entiéndaseme, no las pongo al mismo nivel- condujeran a la situación actual de progresivo retroceso o, como mínimo, de estancamiento, en tantos y tantos aspectos. Búsqueda física, búsqueda espiritual, búsqueda intelectual. Tres ramas del mismo tronco. Probablemente.


Su legado, un ramillete de poemarios y novelas y un número razonable -para los años que lleva en el showbusiness- de canciones. En sus biografías, Cohen revela que hay algunas que le han costado hasta quince años, muchísimas anfetaminas y montañas de correcciones. Bueno, eso va con cada cual. Bob Dylan, en cambio, asegura que compuso algunas de sus obras maestras en quince minutos. Siempre ha habido genios. En todo caso, el esfuerzo con que Cohen se emplea pone de manifiesto su rigor poético y musical. Respecto al estilo de Cohen, algunos echan en falta una cierta evolución, tal como le ha ido sucediendo al propio Dylan -en cierto modo, su alter ego. A esto, Cohen suele responder que tampoco Mozart cambió nunca de estilo y nadie pone en duda por ello su enorme aportación a la música.


Pero volvamos a la presentación como tal. Cuando consulté la “web-bibliografía” de Cohen -al fin y al cabo, una estrella mundial-, encontré mucho material en inglés, pero no tanto en español. Eso me animó a proponer a nuestra Universidad esta exposición virtual, página homenaje o como quieran llamarla. No se trata, con todo, de un producto acabado, sino que irá incluyendo, con el tiempo, nueva información.


No debería acabar sin la habitual larga lista de agradecimientos. Como no la suelen leer más que los aludidos, baste con decirles que sus nombres van apareciendo a lo largo de los distintos epígrafes de esta página y que me parece más entretenido proponerles que los vayan descubriendo poco a poco. Solo mencionaré, y permítanme la licencia, a mi gatita Cala, porque la pobre no figura en ningún sitio y a ella le cabe, en el fondo, el mayor derecho, ya que ha soportado, sin dejar de mirarme entre resignada y compasiva, mis abundantes horas de ordenador y teléfono móvil, dos artilugios que le parecen, aunque no se atreva a confesármelo, perfectamente inútiles.


Pep Burgoa (jburgoa@pas.uned.es)

Biblioteca de la UNED

 

     

 
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